Dora González
Sophie Germain, la matemática que probó que para todos los números primos n menores que 100 existe una solución para el Último Teorema de Fermat, creció durante los años más violentos de la Revolución Francesa. Soñaba con estudiar matemáticas pero no se permitían mujeres en las escuelas. Sin embargo, Sophie realizó el análisis matemático para desarrollar su Teorema de Germain.
En El Diario de Sofi Dora González trata de explicar el misterio detrás de Sophie Germain. Basándose en lo poco que se sabe de su vida, y usando su propia experiencia y amor por matemáticas, González desarrolla la historia de una joven que descubre matemáticas, y describe los acontecimientos históricos que ocurrieron en Paris entre los años 1789 y 1793.
Dora Elia González Villarreal y Musielak tiene un doctorado en ingeniería aeroespacial y ha sido catedrática de ciencias y matemáticas en varias universidades, incluyendo enseñanza de matemáticas avanzadas. Aunque su trabajo se relaciona con la investigación de cohetes espaciales, turborreactores, y otros tipos de propulsión aeroespacial, su primer amor es matemáticas, una materia que ella ha estudiado desde que era una niña. Cuando tenía seis años de edad Dora ganó su primer premio en matemáticas.
Además de su investigación relacionada con los cohetes espaciales, la Dra. González Villarreal y Musielak estudia la historia de las matemáticas durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Ella es miembro de la Asociación de Mujeres en Matemáticas.
Martes 14 de julio de 1789
¡Hoy fue un día horroroso, como una pesadilla! La tensión social de las últimas semanas finalmente estalló con una violencia tremenda, y la brutalidad humana mostró su rostro horrible. El día empezó normalmente en mi casa; después del desayuno fui con mis hermanas al estudio de mi madre a tomar las lecciones matutinas. Eran como las 9:30 en la mañana cuando de repente oímos gritos en la calle. Al principio mamá no puso mucha atención a la conmoción y continuó con la lección, pero pronto nos fue imposible ignorar el disturbio tan violento. Mis hermanas y yo corrimos a las ventanas que dan a la calle para ver lo que pasaba. Vimos a cientos de hombres armados, gritando y agitando sus puños en el aire. Indudablemente se dirigían hacia la prisión la Bastilla porque gritaban ¡A la Bastille! ¡A la Bastille!, invitando a la gente a unirse a la marcha.
La Bastilla es la prisión del gobierno, el símbolo de despotismo y tiranía monárquica. Muchos creen que allí los prisioneros son torturados por orden del rey. Los trabajadores estaban desafiantes y enfurecidos; su protesta fue encendida por los discursos de unos cuantos que están en contra del rey.
Después de un rato la muchedumbre desapareció de nuestra vista. Mamá nos llamó para regresar a las lecciones y pronto nos olvidamos del incidente. Pero en la tarde cuando papá regresó de Versalles nos contó lo que había pasado en la Bastilla. Nos dijo que la protesta escaló en violencia y pronto los inconformes atacaron la prisión buscando municiones y armas de fuego. El atentado resultó en una confrontación brutal entre el populacho, las guarniciones de la prisión, y los soldados de la nueva Guardia Nacional. Los guardias no pudieron controlar la multitud y muchos fueron asesinados por los manifestantes. La demostración se convirtió en una masacre que duró más de siete horas.
La matanza ha de haber sido horrible. Papá nos platicó que en los mismos peldaños del Hôtel de Ville los hombres enfurecidos le cortaron la garganta al marqués de Launay, el gobernador de la Bastille, pusieron su cabeza mutilada en un palo y la llevaron como trofeo por las calles de París. Estábamos sin palabras escuchando a papá que describía tal violencia y horror. Mi hermanita estaba tan asustada que Mili tuvo que llevársela a su habitación para distraerla. Yo también estaba aterrorizada pero me quedé a escuchar la conversación de mis padres.
Mi padre estaba abrumado por lo que pasó. Él no aprueba la violencia pero comprende por qué los trabajadores han tomado las calles de París, y simpatiza con sus demandas por derechos sociales. Papá se considera un revolucionario de ideas quien le debe más fidelidad a la patria que a su monarca, aunque apoya el rey y sus ideales por igualdad social. Mi madre es mucho más leal a Su Majestad y no entiende por qué se le culpa por todos las problemas. Por supuesto que ella simpatiza con el estado lamentable de los pobres, pero no cree que la violencia sea la manera de resolver los problemas sociales de Francia. Estoy de acuerdo con ella.
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