Elsa Burgess-Flores
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Acerca del libro
Elegí el título Despedida en otoño porque mis dos hijos murieron en octubre, con menos de un año de diferencia y porque el otoño era su estación preferida del año. Esto es un diario de lo que ocurrió en nuestras vidas, desde la cuestión gay, pasando por su enfermedad, hasta su terrible consecuencia, la muerte.
Poco después de la muerte de mis hijos por el SIDA, sentí la necesidad de escribir, como una suerte de terapia para recuperarme del caos emocional que experimenté teniendo que enfrentarme a su enfermedad, a su muerte, y a la falta de compasión por parte de miembros de mi familia y amigos, además del hecho de haber estado a punto de morir cuando mi segundo hijo estaba a punto de fallecer.
Durante toda mi vida he guardado testimonio escrito de mi felicidad y de mis penas. Es mi manera de sobrellevar las emociones. Desde que mis hijos murieron por el virus VIH, el procesador de palabras y la música son mis compañeros. Muy a seguido me encuentro mi misma escribiendo sobre todas aquellas emociones con las que uno tiene que lidiar. Cuando mis hijos murieron de SIDA, bien, ya saben, no se trata de una enfermedad cualquiera. El apoyo fue tan poco...
Y son tantos los juicios y prejuicios, antes, durante y después. En mi caso, además, trajo problemas inesperados, durante algún tiempo incluso el horror. Pero también trajo el amor y la comprensión de gente que era extraña hasta entonces, gente que llegó a ser parte de mi familia.
En el libro van a encontrar a menudo referencias a Carlitos y los angelitos de Carlitos. La razón de estas referencias continuas es que ya hace tiempo que decidí referirme a nuestro Ser Superior como Carlitos. Así es como me sentía y como me siento en mi relación con Él. Y toda la maravillosa gente que nos abrió sus corazones son Angelitos de Carlitos.
Son tantas las emociones reflejadas en este libro, producto de mis experiencias, que el lector va a encontrarse que voy y vengo en el tiempo, del mismo modo en que las emociones, las amargas y las dulces, regresan a mi mente.
He escrito un documento de 325 páginas, en el que hablo de todas estas cuestiones, y que incluye crónicas de nuestro amor incondicional, que compartimos hasta el último aliento, y que ha sido la inspiración de este libro.
Si hago pública mi historia es porque creo que tal vez ayude a alguien, no sólo en cuestiones relativas a la homosexualidad, sino también en muchos otros problemas que a veces se presentan en las relaciones que los seres humanos establecemos.
Utilizando mis propias experiencias, he tratado de ayudar dando información que puede ser de ayuda en cualquier situación. Espero de todo corazón que de alguna manera ayuden.
Acerca de la autora
Desde que sus hijos murieron, Elsa Burgess-Flores ha dedicado su vida a la lucha contra el SIDA y a realizar conferencias y presentaciones sobre los problemas que sufren los homosexuales. Empezó pronunciando la conferencia de clausura en la Memorial Quilt de Kansas City (Missouri), el 2 de diciembre de 1990, seis semanas después de la muerte de su segundo hijo.
La han entrevistado en varios programas de televisión de los canales PBS-TV, KMBC-ABC-TV y Cablevisión KCCP, y en los programas de radio de JCMO y EKET, en Kansas City. Durante un año y medio condujo un programa de radio semanal en Douglas (Arizona).
Fue una de los 650 representantes de toda la nación invitados a participar en un congreso sobre el SIDA que se celebró en Washington DC, "Rompiendo barreras, construyendo puentes". La historia de su familia fue publicada en la revista semanal Woman’s World, el 16 de julio de 1991. Da charlas a grupos de estudiantes en escuelas públicas, institutos, profesionales y participa en fórums nacionales sobre la familia, no sólo en EEUU, sino también en Sonora (México).
Elsa casi siempre habla de homosexualidad y de SIDA. Yo nunca me había detenido a considerar que fueran dos temas especialmente relacionados, puesto que aunque el SIDA es una enfermedad que afecta a homosexuales, como bien dice ella misma, es una enfermedad que no entiende de prejuicios, y afecta a todos los grupos sociales.
Cuando conocí a Elsa y me explicó su historia, que sus dos hijos eran homosexuales, y que los dos habían muerto de SIDA, enseguida pensé que ésa era la relación, que en su libro hablaba de homosexualidad y SIDA como causa-consecuencia. Pero estaba muy equivocada.
El libro de Elsa habla de homosexualidad y SIDA, pero el hilo que une a estas dos situaciones no es causal. La auténtica relación entre estas dos situaciones, ser homosexual y ser paciente de SIDA, es que en ambos casos la persona es objeto de discriminación, de marginación, de odio.
Hay un momento en el libro, en que Elsa dice que la auténtica tragedia de su historia es el odio. Y esa es la clave. Aunque yo añadiría que en el mismo nivel se encuentra la ignorancia. En realidad, se trata de una cadena. La ignorancia lleva a la incomprensión, la incomprensión lleva al miedo, y el miedo lleva al odio, un mecanismo que nos permite rechazar a todo aquel que se aparte de la norma general de comportamiento. Rechazamos a los que son diferentes a nosotros, porque si por un solo instante nos metiéramos en la piel de otra persona, veríamos que es exactamente igual a nosotros mismos, con los mismos miedos, la misma inseguridad, la misma mortalidad. Pero es más fácil rechazar al diferente que aceptar que cada persona tiene derecho a elegir libremente como vivir su propia vida, mientras no actúe contra el derecho de otra persona, mientras no haga daño a nadie.
Elsa es una persona que ha sufrido una tragedia personal que todos podemos comprender, la pérdida de dos hijos. Pero esa no es toda su historia. Para mí, Elsa es una persona que ha conocido el fondo del pozo negro de nuestra sociedad, que ha sufrido la discriminación y el odio en su propia carne, pero que aun así no se ha rendido. Hace más de diez que murieron sus hijos, pero ella no ha dejado de correr desde entonces. En lugar de hundirse en la desesperación o rendirse ante la presión de nuestra sociedad para que no se hable de ello, Elsa lleva más de diez años levantando la voz por los que no pueden hacerlo por sí mismos, defendiendo el derecho a la diferencia y difundiendo el amor por aquellos que están enfermos y a quienes ni siquiera sus mismas familias aceptan.
He conocido a algunas personas que piensan como Elsa, y yo misma siento que comparto todo lo que ella dice, pero nunca había conocido a alguien que tuviera la oportunidad de poner en la práctica lo que predica en teoría. En realidad es muy fácil decir que todos somos iguales, que tenemos los mismos derechos, pero a la hora de la verdad, los prejuicios muchas veces nos dominan, y, aunque no lo reconozcamos, discriminamos a aquellos que no siguen la norma general de comportamiento. Es como cuando uno dice "Yo no soy racista, pero...". Siempre está ese pero. Pero no quiero que se case con mi hija, no le quiero como vecino, no le quiero como compañero de trabajo, etc. Decimos que aceptamos a los homosexuales, a los negros, a los chinos, a los judíos, pero me pregunto quien nos ha dado el derecho a aceptarlos o no aceptarlos. Ése es el problema, porque nadie les pregunta a ellos si nos aceptan a nosotros, no tienen ese derecho.
Otra frase que se usa mucho: "hay que tener tolerancia". A mí me repugnante, francamente, porque tolerar, según el diccionario de sinónimos, significa condescender, compadecerse, resignarse, soportar, sufrir, resistir, sacrificarse, armarse de paciencia, disculpar, perdonar, o absolver. No me pregunten cuál es la palabra adecuada, porque no la sé, y creo que mientras sigamos necesitando definir, señalar, enmarcar o situar a las personas que son o actúan de una forma diferente a la nuestra, seguiremos siendo prejuiciosos, racistas, discriminadores.
Pero todo esto que les decía no es nada. Lo trágico es que estas personas que sentimos como diferentes, mueren por serlo. Nos horrorizamos por los judíos que murieron en la Alemania nazi o por los negros que murieron en Estados Unidos de la esclavitud, pero hoy en día la gente sigue muriendo, los hispanos que quieren vivir el sueño americano, los africanos que quieren vivir y trabajar en Europa, y los homosexuales a manos de los heterosexuales.
Me gustaría contarles muchas historias, de Elsa y de la historia que cuenta su libro, porque a mí personalmente me ha afectado mucho conocerla, creo que he aprendido algunas cosas básicas sobre la humanidad, pero como tienen el libro en sus manos, creo que es mejor que hable ella por sí misma.
Volveremos a vernos, Elsa, amiga.
Carmen Bertran
"Todas estas bendiciones, después de tanta condena..."
Michael Martin Flores
"Muerte en vida"
Paseaba cerca del mar
Pensando, déjalo así,
Cuando levanté la vista, todo lo que veía
Era una luz que parecería decir:
Ven conmigo
Ven y vive
Ven y sé libre
Michael Martin Flores
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"Adiós"
¿De verdad te estás despidiendo?
¿Los pensamientos que compartimos se van a acabar?
El tiempo no destruirá lo que compartimos
¿Puede alguien destruir los recuerdos
de la felicidad que disfrutamos juntos?
Matthew Maurice Flores
La vida, el amor, pueden ser de tantos colores...
¿Por qué los míos son blanco y negro?
Matthew Maurice Flores